Categoría: Renacimiento

Giordano Bruno y la revolución cosmológica del siglo XVI

La magia y el ocultismo

A lo largo de la historia, la magia ha sido objeto de estudio por muchos investigadores. En aquella época se aceptaba la definición generalizada de que la magia es el dominio sobre las fuerzas físicas, espirituales o divinas. Sin embargo, Giordano Bruno defiende que la magia es la capacidad de percibir un conjunto de relaciones vinculadas que se suscitan dentro del mundo de lo fantástico.

Es en su obra De la magia de los vínculos, donde se puede conocer con mayor profundidad su visión sobre este asunto.

Él considera, además, que hay distintos tipos de magia y según lo que se quiera hacer se necesitará activar una serie de vínculos u otros. Él pone mucha distancia del ocultismo y la nigromancia.

La magia natural, que es la única en la que él realmente cree, es aquella que actúa por la implicación de los principios activos y pasivos y también en virtud de la simpatía o la antipatía.

“La magia natural bruniana consiste en ponerse en sintonía con los mecanismos que regulan el funcionamiento de todas las cosas, desde las menudencias hasta el hombre, hasta el pensamiento y el ciclo histórico de los acontecimientos”

Guido del Giudice, Giordano Bruno: el profeta del universo infinito. Marotta & Cafiero, Nápoles, 2001

La magia fantasmagórica es la que actúa produciendo obras de una naturaleza e inteligencia superiores, promoviendo la admiración mediante apariciones.

Si a estas operaciones se le agregan palabras, figuras, sellos o caracteres, se la denomina magia matemática o magia oculta.

La magia se relaciona con la astronomía y con la numerología. Muchos números y símbolos son considerados sagrados.

En Egipto, los jeroglíficos, considerados sagrados, contenían elementos de la naturaleza. La magia que camina entre lo natural y lo sobrenatural se denomina, según Giordano, magia metafísica.

También llamada “theourgia”, consiste en la invocación con ceremonias, cultos y otras artes en las que se estudian las correspondencias mágicas entre los objetos y sus símbolos.

También forma parte de esta magia la invocación de las almas de los difuntos, que recibe el calificativo de nigromancia y que a él no le interesaba.

Bruno reconoce que este tipo de conocimientos se pueden usar tanto para hacer el mal como para hacer el bien.

Esto, por lo tanto, solo es válido para unas cuantas personas que han de ser las elegidas para conocer la magia.

Dentro de la categoría de mago se encuentran los profetas y los que adivinan el futuro.

Para él tanto la magia natural, como la divina y la magia matemática son intrínsecamente buenas.

Es la naturaleza del mago la que la puede utilizar para fines oscuros y pretenciosos. Para hacer magia es necesario hacer operaciones. Porque el mal uso de la magia matemática puede acarrear un mal en la naturaleza o en la metafísica.

Sin duda, para Bruno lo más importante en la magia era el poder de la imaginación, constituye la puerta de acceso para todos los afectos que pueden conmover a los seres vivientes.

Para él es fundamental el axioma de que el universo es mental. Bruno describe el vacío no existente, es la ausencia de algo siempre llenada por otra cosa.

Posteriormente, Bruno defendió que todo tiende a la inercia y a conservarse en su propio ser; así, si el sol y el fuego quisieran convertirse en agua necesitarían del aire que es el elemento intermedio.

La revolución metafísica y cosmológica

Es complicado encontrar el punto de ruptura entre el pensamiento medieval y el pensamiento renacentista. Ya que las estructuras y la forma de construirse ambos pensamientos partían de lo mismo.

Los escritos del Renacimiento se desarrollaron sobre la misma base que pensó el medievo:

Una estructura metafísica que era la única conocida hasta el momento. Nos preguntamos entonces cómo se produjo una diferencia tan grande entre la mentalidad de ambos periodos.

El orden medieval cosmológico parte de la estructura creada por Tomas de Aquino. Dios es la causa de todas las cosas, y Dios es anterior al propio principio de la creación:

necesse est dicere omne quod quocumque modo est, a Deo ese

Aquino, Tomás, Suma teológica, v.1, art.1 q. 44a 1, pp. 489

En este periodo histórico, Dios concentra todos los principios de la causalidad. Determina la existencia de los demás seres:

“Los seres solo existen si son creados por Dios.”

A partir de ese principio se entiende que el mundo es solo un ente creado por Dios al principio de los tiempos.

La ruptura con el orden medieval debía partir de una base ontológica, requería de preguntas como:

¿Sí Dios es el máximo absoluto cómo es posible que un ser infinito e ilimitado crease un mundo limitado, cerrado y finito?

Era necesario replantear el orden medieval pero partiendo de una base. Para el teólogo y filósofo Nicolás de Cusa (1401-1464), que fue un personaje clave en la transición del medievo al renacimiento.

Dios era entendido como “complicatio” y como “explicatio”1, porque todo está en él y, a la vez, Dios está en todas las cosas.

La idea de Dios máximo absoluto es una idea medieval y no es rompedora pero empieza a modificarse el sentido. Todo lo creado, incluido el hombre, es imagen de Dios.

Todo es una manifestación de un único modelo, pero no es una copia, sino un signo de ese ser supremo. Siguiendo esa tesis se empieza a plantear que universo y entes se deben a una necesidad divina.

En consecuencia, el universo es una contradicción de Dios y es la mayor de las contradicciones divinas.

Se parte de una idea aristotélica, Dios es el único ser capaz de crear de la nada el universo y ponerlo a funcionar correctamente.

Se camina hacia la idea del filósofo presocrático Anaxágoras:

“Dios está en el universo del mismo modo que el universo está en las cosas.”

Nos encontramos en este punto ante el umbral que separa el saber medieval del saber renacentista. Ahora la ontología había cambiado y empiezan a plantearse nuevas ideas.

Sobre todo después de la teoría heliocéntrica del universo. Todas las verdades que la iglesia había enseñado durante siglos.

Comienzan a ponerse en duda y esta crisis religiosa es no deja de ser la consecuencia de una forma nueva de pensar.

Para los hombres del Renacimiento, la escolástica había quedado desfasada, aunque, quizás, sus nuevos planteamientos ontológicos no tenían como fin romper el orden medieval.

Sino más bien abrir paso hacia las prácticas mágicas, las alquímicas y las astrológicas.

El cosmos ya no se veía, como en el medievo, desde un punto de vista escatológico y místico. Se trataba de algo así como un libro lleno de preguntas y respuestas.

De esta manera, el Dios del Santo Tomás, es un principio creador. Se ve desplazado hacia una concepción semi-panteista en que las relaciones entre Dios y los entes son distintas.

Siendo más precisos Dios y el hombre no necesitaba un mediador.

Nicolás de Cusa dijo que si Dios es infinito y su creación no es perfecta, no pudo haberla hecho Dios; por lo tanto el universo no es infinito es ilimitado.

Frente al absolutismo del tomismo se camina hacia una metafísica relativista: las cosas solo son concreciones relativas al universo y a Dios; el universo es el máximo contacto en relación con las cosas, que son acogidas por él.

Pero según lo dicho anteriormente dicho universo solo es lo más cercano al máximo absoluto, a Dios.

En consecuencia, Dios, como máximo absoluto, es la referencia abstracta desde la cual se hace relativo cualquier otro movimiento o entidad.

De esa metafísica vemos consecuencias físicas: al ser el universo ilimitado y al ser la quietud absoluto privilegio divino.

Todo lo que está contenido en el universo debe estar en movimiento y al estar todo en movimiento no se puede concebir un centro fijo.

En consecuencia tantos las estrellas como la Tierra tienen movimiento, aunque mínimo. En el universo no se pueden establecer límites, ya que su tamaño es incalculable.

Estas intuiciones de Nicolás de Cusa, que marcan el punto de quiebra con la Edad Media, necesitaban demostrarse mediante la ciencia. Y eso lo consiguió Nicolás Copérnico (1452-1519), quien desarrolló años más tarde la teoría heliocéntrica del universo.

La diferencia entre Copérnico y Nicolás de Cusa fue que este no se atrevió a romper del todo con la visión aristotélica y colocar al sol como centro. Para Copérnico, la centralidad del sol y la inmensidad que se le atribuía al cosmos afirman la finitud del mundo y el argumento principal para hablar de la finitud es el movimiento.

Copérnico justificó el movimiento de la Tierra basándose en la esfericidad del mundo y deduce, por consiguiente, la forma de los demás planetas. De este modo, la Tierra es otro planeta que se mueve al igual que los demás.

Giordano Bruno elabora su visión cosmológica a partir de las teorías copernicanas.

Estableciendo el movimiento diario de la Tierra sobre su eje de rotación, el movimiento anual en torno al sol y el movimiento de declinación del eje terrestre.

Fuera de estos movimientos, Bruno en su obra “La cena de las cenizas” atribuye a la Tierra otros dos movimientos físicos de redistribución de sus partes, los cuales concurren, junto con los movimientos de rotación y traslación, en un único movimiento compuesto, cuya naturaleza no es aclarada suficientemente por Bruno.

Ni Copérnico, ni Bruno hacen una revolución radical, simplemente siguen los pasos de otros, como Marcilio Ficino (1433-1499) y Leonardo Da Vinci (1452-1519).

Pero sí se enfrentan al orden mental establecido durante siglos. En consecuencia, el discurso medieval queda totalmente desarticulado, aunque no se puede decir aún que haya desaparecido.

Lo preocupante para la escolástica no era la existencia de una ontología nueva y que se estuviera pensando de forma diferente. Lo peligroso era la pregunta que se hacían de nuevo los filósofos y pensadores sobre la esencia del hombre y su propia existencia.

No es que el discurso de Copérnico o Nicolás de Cusa fuera destruir el pensamiento medieval. Se trastocaba la noción de la existencia del ser humano que tenían los hombres de la época.

A partir de este momento, cualquier esfuerzo para construir un nuevo orden ya no podía hacerse según los antiguos planteamientos de la escolástica.

Bruno Giordano, poeta

Como era frecuente en el Renacimiento, Bruno Giordano no solo hizo aportaciones a la astronomía, las matemáticas, la filosofía…, sino que también cultivó la poesía y publicó varias obras dedicadas a la mnemotecnia.

Poco antes de morir, escribió a sus verdugos el siguiente poema:

Decid, ¿cuál es mi crimen?, ¿lo sospecháis siquiera? 
Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí! 
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera, 
levantará la historia una estatua por mí. 
Yo sé que me condena vuestra demencia suma. 
¿Por qué?…Porque las luces busqué de la verdad, 
no en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma 
con dogmas y con mitos robados a otra edad, 
sino en el libro eterno del Universo mundo, 
que encierra entre sus folios de inmensa duración 
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo, 
basado en la justicia, fundado en la razón. 
Y bien sabéis que el hombre, si busca en su conciencia, 
la causa de las causas, el último por qué, 
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia, 
los templos por la escuela, la razón por la fe. 
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo 
y por ello quisierais poderme desmentir. 
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo 
de un servilismo que hace de lástima gemir… 
Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea, 
es intangible, eterna, divina, inmaterial… 
Que no es ella el Dios y la religión vuestra 
sino la que forma, con sus cambios, la historia universal. 
Que es ella la que saca la vida del osario, 
la que convierte al hombre, de polvo, en creador, 
la que escribió con sangre la escena del calvario, 
después de haber escrito con luz, la de Tabor. 
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos, 
los que oran y se postran donde los puedan ver, 
fingiendo fe, sois falsos llamando a Dios, ateos 
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!… 
¿Cuál es vuestra doctrina? Tejido de patrañas, 
vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey; 
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña. 
Vuestra razón, la fuerza; y el oro, vuestra ley. 
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles, 
tenéis las bacanales, su pérfida maldad; 
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles. 
Queréis, como quisieron, matar a la verdad; 
Mas… ¡vano vuestro empeño!…Si en esto vence alguno, 
soy yo, porque la historia dirá en lo porvenir: 
“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”. 
Y en cambio vuestros nombres…¿Quién los podrá decir? 
¡Ah!…Prefiero mil veces, mi muerte a vuestra suerte; 
morir como yo muero…no es una muerte ¡no! 
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte. 
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy yo! 
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño, 
decidle que a la muerte me entrego como un sueño, 
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios… 
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones, 
que al hombre da la vida y al par su maldición, 
sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones 
da a la materia forma, y vida a la creación. 
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento, 
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí, 
al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento, 


al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin. 
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio, 
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar. 
Que a mí ante el martirio, no me haréis apostatar. 
¡Mas, basta!… ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra. 
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?… ¿Teméis al porvenir? 
¡Ah!…Tembláis…Es porque os falta la fe que a mí me sobra… 
Miradme…Yo no tiemblo… ¡Y soy quien va a morir!…

Conclusión

Giordano Bruno fue un visionario de su época. Se trató del primer filósofo que apoyo a Copérnico, y fue más lejos aún que él introduciendo el concepto de un universo infinito, con infinitos sistemas solares e infinitos planetas.

Esta idea, que tendría después gran importancia en el pensamiento científico del siglo XX. Fue rechazada por la inquisición, por lo que Giordano Bruno fue condenado a morir en la hoguera en el año 1600. 

Para terminar, hay que decir que Giordano Bruno que fue uno de los precursores de la ciencia del tercer milenio. Su esfuerzo y sacrificio basado en una convicción inquebrantable y en su búsqueda de la verdad.

Esto permitió ampliar la visión de la naturaleza de los hombres del renacimiento. Su voz, al lado de la de Copérnico y Galileo, hizo posible que se estableciese la idea de que el Sol es el centro de nuestro sistema planetario.

Giordano Bruno, un filósofo contra la Inquisición

Introducción

Es complicado explicar qué es la revolución cosmológica que protagonizaron entre los siglos XVI y XVII diversos científicos, como Copérnico, Galileo, Giordano Bruno o Kepler, sin conocer que ideas existían antes y qué cambio supuso dicha revolución.

Por ello la Inqauisición juega un papel clave, aunque hay que decir que lo que la Inquisición combatió fueron las ideas protestantes, las ideas que sucumbían en herejía pero no combatió la ciencia de per sí, de hecho muchos de los científicos de la Revolución Científica son jesuítas.

El paso de la Edad Media a la Edad Moderna se vio reflejado intensamente en el pensamiento, en la mentalidad y en la forma de enfrentarse al mundo de las gentes del momento.

 Hubo tres hechos claros que marcaron los inicios de la modernidad: el descubrimiento del Nuevo Mundo, la crisis religiosa y la revolución copérnica.

Durante el Renacimiento se produjo una ruptura con todo el pensamiento anterior. En épocas anteriores pensamiento e Iglesia estaban íntimamente unidos, ya que era la escolástica quien se ocupaba de la filosofía.

Humanismo y cambio de mentalidad

Durante el Renacimiento esto cambió y empezaron a surgir filósofos, matemáticos, físicos, pintores, etc., que colocaban al hombre en el centro del universo. Hubo una preocupación intelectual y cultural que propició que las ideas medievales empezaran a cambiar con rapidez.

La ruptura con el orden metafísico y cosmológico chocó con el orden medieval, en concreto con la Iglesia, y por ello empezó a originarse la gran crisis religiosa del siglo XVI. La inestabilidad que provocó la ruptura con el orden único existente, con especial referencia a las creencias religiosas, y la gran inconformidad intelectual y social dan a entender que el sistema anterior está evolucionando rápidamente.

Frente a este panorama y antes de que saltara a la fama Bruno Giordano, se produjo la Reforma Protestante, que supuso un intento de los hombres de la época por resolver la situación de fragmentación religiosa que se vivía en aquel momento. Pero era complicado porque existía un gran escepticismo. La iglesia Católica se defiende a través de la Inquisición y la conrrareforma. Había reformistas, como Lutero y Calvino, cuya principal preocupación fue recuperar las bases de la fe cristiana.

Contexto Histórico Giordano Bruno

Es en esto contexto cuando aparece la figura de nuestro principal protagonista, Giordano Bruno: “en medio de este mare magnum de discusiones interminables, de fanatismos que habrían costado vidas, incluyendo más tarde la suya, Giordano, en lugar de tratar de readaptar el hombre al viejo orden, se esfuerza por reestablecer el ethos del hombre acorde con una nueva idea, y concibe así un orden totalmente contrario al natura”[1]. Para entender el pensamiento de Giordano hay que ir un poco más atrás en el tiempo.

El movimiento humanista de los siglos XV y XVI centra su atención en recuperar los textos de la Antigüedad clásica, labor que habían iniciado los escolásticos en el medievo. Los humanistas fueron muy críticos con la escolástica y establecieron tres puntos de ruptura básicos: el ataque a la estructura científica de la escolástica fundamentado en la física aristotélica, la reorganización de los estudios liberales y, sobre todo, la creación de una nueva concepción del hombre.

Para los hombres medievales no existía diferencia entre ellos y la era clásica, de la que creían que eran los continuadores, pero el humanismo marca las diferencias entre ambas épocas. El saber renacentista pretendía retomar el conocimiento clásico, buscaba la verdad en el saber clásico.

Esto requería de un gran conocimiento filológico. Aristóteles ya no era el filósofo por excelencia, el único que se estudiaba, y empezaron a cobrar importancia otros pensadores. Además, el humanismo criticaba el programa principal de la escolástica del medievo: el Trivium y Quadrivium.

El humanismo ya no es un sistema teocentrista donde dios es el centro de todo, pues empieza a reivindicarse al hombre como centro del universo; es decir, hay ya una visión antropocentrista donde” es el hombre la medida de todas las cosas”

Lo que consiguió el humanismo fue abrir una brecha con la escolástica, facilitar un nuevo pensamiento y fundamentar un nuevo saber, que luego seguirían los protagonistas de la Revolución Científica.

Giordano Bruno filosofo, inquisición



[1] Jiménez, Luís Felipe. Giordano Bruno y el pensamiento renacentista editorial. Texere Editores, 2010, México

2. Biografía de Giordano Bruno

Nació con el nombre de Filippo Bruno en 1548, en la pequeña localidad italiana de Nola, muy próxima a Nápoles. Con tan solo quince años ingresó en un convento dominico de Nápoles, donde según la tradición de la orden cambió su nombre, adoptando en aquel momento el apelativo por el que sería conocido: Giordano.

Desde muy joven fue un espíritu indomable, lo que le acarreó numerosos problemas. Estando en el convento dominico decidió quitar de su celda los cuadros de vírgenes y santos que adornaban las paredes y tan solo dejó un simple crucifico; también sabemos que en una ocasión le dijo a un novicio que no leyera un poema sobre la virgen. Con esos gestos fue muy fácil acusarle de protestante en unos años en los que la Iglesia perseguía duramente a todos los seguidores de Lutero y Calvino. Bruno fue denunciado a la inquisición, aunque no se encontraron pruebas y pudo proseguir con sus estudios teológicos.

Acusación de Herejía

A sus 24 años fue ordenado sacerdote y con 28 obtuvo su licenciatura en Teología en el convento napolitano. Parecía que Giordano estaba destinado a tener una vida tranquila como fraile y profesor de Teología, pero él siempre fue un hombre curioso y quiso indagar las teorías del universo. Comenzó a leer a escondidas obras de autores como Erasmo de Rotterdam, que estaba prohibido por la Iglesia, y esto le llevó a pensar que no todos los herejes eran realmente unos ignorantes. También se interesó por la literatura científica, desde los alquimistas a la nueva astronomía de Copérnico.

Giordano fue acusado de herejía y tuvo siempre a la Inquisición pisándole los talones. Por este motivo, en 1576 tuvo que huir a Roma y posteriormente viajó por Italia y Francia, llevando una vida errante y aventurera, dado que disponía de pocos recursos económicos. En la ciudad de Ginebra, donde Calvino había instaurado una república protestante, Bruno abandonó los hábitos y se adhirió al calvinismo, doctrina que abandonó poco después..

En 1581 viajó a París para impartir una conferencia, gracias a lo cual conoció al rey Enrique III, que lo aceptó como profesor en la Universidad de París. En esta época publica sus primeras obras: El canto de Circe y La sombra de las ideas.

En1583 se desplazó a Inglaterra, al parecer con una misión diplomática encargada por el propio rey Enrique III: entregar unas misivas al embajador francés en Londres. A continuación se instaló en la embajada francesa durante dos años, donde obtuvo protección del embajador ante los revuelos que causaban sus escritos, publicados clandestinamente en Londres.

Ideas de Copérnico y problemas por ello

En esta época, Bruno viajó a Oxford acompañando al príncipe polaco Albert Alasco y allí participó en una “disputatio”, suceso que le marcó profundamente. Algún tiempo más tarde regresó de nuevo a Oxford donde enseñó como profesor la nueva cosmología de Copérnico atacando las ideas tradicionales. Las ideas que defendía provocaron intensas discusiones, que llevaron a Bruno a abandonar Oxford. En los años siguientes vivió en varios países protestantes.

En este periodo publicó Cena de las cenizas, obra en la que defiende la teoría copernicana añadiendo además su propio punto de vista. Poco después publica De la causa, principio y uno, donde justifica lo que había acontecido en Oxford.

Posteriormente escribió dos obras fundamentales para explicar su visión del universo: Sobre el universo infinito y sus mundos y Expulsión de la bestia triunfante. En ellas realiza un profundo ataque a la cosmología aristotélica. En 1585 publica Cábala del caballo Pegaso obra esotérica en la que adapta la tradición simbólica de la cábala judía a su sistema filosófico y en la que también realiza una fuerte crítica del sistema religiosa judeocristiano.

En estas obras de Giordano Bruno encontramos su nuevo pensamiento filosófico, en el que mezcla la cosmología con la ética y la religión. Bruno llegó a demostrar que el Sol es más grande que la Tierra.

Fin de su vida y proceso de la Inquisición

A finales de 1585, Bruno regresa a Paris y llega a exponer sus ideas en la Universidad de La Sorbona, pero el ambiente en la ciudad es muy tenso y decide huir a Alemania. Allí es recibido en la universidad de Wütenberg, en la que impartió clases de Filosofía. Es en esa época cuando viaja a Praga y escribe una de sus principales obras: De Magia.

En ese tiempo conoce a Giovanni Mocenigo, un rico noble veneciano que lo anima para que se traslade a vivir a Venecia, ya que en esta ciudad hay una mayor tolerancia religiosa. Pero ese mismo noble lo traiciona y Bruno es detenido y encarcelado por la Inquisición.

Al final del proceso que tiene lugar en Venecia, Bruno se retracta de sus herejías, pero es enviado a Roma para ser juzgado. En esta ciudad permanece ocho años en la cárcel, hasta que es condenado a la hoguera como hereje y es quemado el 17 de febrero de 1600.

Trescientos años después de su muerte, el 9 de junio de 1889, se descubrió en Roma, en el Campo dei Fiore, el lugar donde fue quemado y se erigió un monumento en su honor.

La iglesia católica celebró un acto para exculparse y el papa León XIII emitió un escrito para que se leyese en todos los pulpitos del mundo en el que atacaba a Bruno diciendo que “Ni llevó a cabo ninguna aportación científica ni contrajo mérito alguno en el fomento de la vida pública. Su manera de obrar fue poco sincera, falaz y llena de egoísmo, intolerante con cualquier opinión contraria, marcadamente maliciosa y llena de una adulación que desfigura la verdad”

Sin duda Bruno encarna el prototipo de hombre, vida y pensamiento del Renacimiento, pues fue matemático, astrónomo, poeta y filósofo, además de un gran viajero.

El pensamiento de Giordano Bruno

Los planteamientos metafísicos de Bruno partían de la idea de unidad. Dios es uno y el universo también es uno, aunque se manifiesta en una extraordinaria multiplicidad y variedad de seres y objetos (recordemos que el problema de la unidad y de la multiplicidad está presente en toda la historia de la filosofía, desde los presocráticos). Así todo está en el Todo y el Todo está en todas las cosas.

Utilizando el descubrimiento del heliocentrismo de Copérnico, Bruno intentó especificar el sentido físico y astronómico de este principio, con lo que despojó la teoría de Copérnico de defectos sustanciales: la representación tradicional de la finitud del universo, limitado por la esfera de astros inmóviles, y la opinión de que el Sol es inmóvil y constituye el centro absoluto de todo el universo. Como resultado, Bruno llegó a la conclusión de que existen mundos incontables y que todos ellos están poblados.

Filosofía de Giordano Bruno

Impugnando el dualismo natural-filosófico de la escolástica, Bruno afirmaba que los mundos terrestre y celeste son homogéneos y están compuestos de tierra, agua, aire, fuego y éter.

Bajo la influencia del neoplatonismo, Bruno admitía la existencia del alma mundial, entendida como principio de la vida y como sustancia espiritual, que, estando presente en todas las cosas, sin excepción, constituye su principio motriz. En este caso, Bruno, como la mayoría de materialistas de la Antigüedad, adoptaba la posición del hilozoísmo, es decir defendía que todo en la naturaleza está animado.

Sin duda su filosofía está claramente influenciada por el sistema que ideó Copérnico, al cual le añadió ideas nuevas como la existencia de un número infinito de mundos, la idea de la atmosfera terrestre que gira conjuntamente con la Tierra y la de que el Sol se desplaza con relación a las estrellas.

Sin duda, su tesis fundamental fue la unidad del universo que está compuesto por diferentes mundos son semejantes a nuestro Sistema Solar. Parece que Giordano Bruno se anticipase a la existencia de infinitas galaxias y ahí radica su gran importancia, ya que influyó a científicos posteriores y supuso un punto de partida para hablar de que el universo es infinito.

El autor adelantó también la hipótesis de que los cambios geológicos ocurren constantemente en nuestro planeta. Para Bruno, materia y movimiento son inseparables aunque para él el movimiento es una concepción metafísica. El conocimiento científico de la naturaleza debe fundarse en la experiencia, por lo que él rechaza la escolástica estéril con sus definiciones huecas al margen de la naturaleza.

Defiende que la experiencia, unida a la razón humana, es lo único que nos permite conocer la realidad. Además, afirmaba que el conocimiento de las leyes de la naturaleza es la finalidad suprema de la razón humana. En esa idea vemos una influencia teológica, Bruno se sentía afín al panteísmo, lo que le condujo a tener numerosos problemas

Bruno plantea, siguiendo ideas neoplatónicas, que todas los seres están animados y que la naturaleza es un ser vivo gigantesco, una idea muy cercana al panteísmo. Así, si Dios está en el todo tiene que estar también en nosotros. Según sus propias palabras: “En cada hombre, en cada individuo, se contempla un mundo, un universo”[2].

Bruno también creía que si se reformaba la imagen y la concepción del mundo sería mucho más fácil hacer una reforma moral, ya que es a partir de la reformas de las ideas desde donde se pueden reformar las costumbres.

Ideas revolucionarias

Su postura acerca de la religión es muy crítica en una época donde había frecuentes guerras por causas religiosas. Él crítica tanto el catolicismo como las religiones reformadas, pues las consideraba un conjunto de prácticas absurdas, poco arbitrarias y supersticiosas.

A partir de la teoría Heliocéntrica de Nicolás Copérnico, Bruno defendía, al igual que en las antiguas religiones, que el sol era una expresión de la divinidad. Él hablaba de un universo infinito con infinitos soles, ya que consideraba que cada estrella era un sol.

Sus ideas son totalmente eran totalmente revolucionarias y consideradas peligrosas para la Europa del 1600, ya que la revolución científica de Kepler, Galileo y Newton todavía no había empezado.

Bruno conocía las teorías de los filósofos y autores clásicos, que posiblemente le influenciaron en sus ideas cercanas al panteísmo. En su pensamiento, situado en el terreno del neoplatonismo, se puede ver con claridad la influencia de antiguos pensadores.

Giordano Bruno Inquisición

Bibliografía: Giordano Bruno o el espejo infinito de Drewermann Guido del Giudice, Giordano Bruno: el profeta del universo infinito

https://www.youtube.com/watch?v=0X5zjpCFvnI

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/giordano-bruno-el-filosofo-que-desafio-a-la-inquisicion_7273

https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/grandes-personajes/giordano-bruno-el-filosofo-de-la-astronomia/

https://www.laentradasecreta.com/giordano-bruno-el-filosofo-olvidado/


[2] Núñez Sacaluga, Cristian. Entre lo bello, lo feo y lo útil, Tagus, 2014.


[1] Drewermann, Eurgen. Giordano Bruno o el espejo infinito, Herder 2009, pág. 343.

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