Giordano Bruno y la revolución cosmológica del siglo XVI

Segunda parte

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La magia y el ocultismo

A lo largo de la historia, la magia ha sido objeto de estudio por muchos investigadores. En aquella época se aceptaba la definición generalizada de que la magia es el dominio sobre las fuerzas físicas, espirituales o divinas. Sin embargo, Giordano Bruno defiende que la magia es la capacidad de percibir un conjunto de relaciones vinculadas que se suscitan dentro del mundo de lo fantástico.

Es en su obra De la magia de los vínculos, donde se puede conocer con mayor profundidad su visión sobre este asunto.

Él considera, además, que hay distintos tipos de magia y según lo que se quiera hacer se necesitará activar una serie de vínculos u otros. Él pone mucha distancia del ocultismo y la nigromancia.

La magia natural, que es la única en la que él realmente cree, es aquella que actúa por la implicación de los principios activos y pasivos y también en virtud de la simpatía o la antipatía.

“La magia natural bruniana consiste en ponerse en sintonía con los mecanismos que regulan el funcionamiento de todas las cosas, desde las menudencias hasta el hombre, hasta el pensamiento y el ciclo histórico de los acontecimientos”

Guido del Giudice, Giordano Bruno: el profeta del universo infinito. Marotta & Cafiero, Nápoles, 2001

La magia fantasmagórica es la que actúa produciendo obras de una naturaleza e inteligencia superiores, promoviendo la admiración mediante apariciones.

Si a estas operaciones se le agregan palabras, figuras, sellos o caracteres, se la denomina magia matemática o magia oculta.

La magia se relaciona con la astronomía y con la numerología. Muchos números y símbolos son considerados sagrados.

En Egipto, los jeroglíficos, considerados sagrados, contenían elementos de la naturaleza. La magia que camina entre lo natural y lo sobrenatural se denomina, según Giordano, magia metafísica.

También llamada “theourgia”, consiste en la invocación con ceremonias, cultos y otras artes en las que se estudian las correspondencias mágicas entre los objetos y sus símbolos.

También forma parte de esta magia la invocación de las almas de los difuntos, que recibe el calificativo de nigromancia y que a él no le interesaba.

Bruno reconoce que este tipo de conocimientos se pueden usar tanto para hacer el mal como para hacer el bien.

Esto, por lo tanto, solo es válido para unas cuantas personas que han de ser las elegidas para conocer la magia.

Dentro de la categoría de mago se encuentran los profetas y los que adivinan el futuro.

Para él tanto la magia natural, como la divina y la magia matemática son intrínsecamente buenas.

Es la naturaleza del mago la que la puede utilizar para fines oscuros y pretenciosos. Para hacer magia es necesario hacer operaciones. Porque el mal uso de la magia matemática puede acarrear un mal en la naturaleza o en la metafísica.

Sin duda, para Bruno lo más importante en la magia era el poder de la imaginación, constituye la puerta de acceso para todos los afectos que pueden conmover a los seres vivientes.

Para él es fundamental el axioma de que el universo es mental. Bruno describe el vacío no existente, es la ausencia de algo siempre llenada por otra cosa.

Posteriormente, Bruno defendió que todo tiende a la inercia y a conservarse en su propio ser; así, si el sol y el fuego quisieran convertirse en agua necesitarían del aire que es el elemento intermedio.

1. La revolución metafísica y cosmológica

Es complicado encontrar el punto de ruptura entre el pensamiento medieval y el pensamiento renacentista. Ya que las estructuras y la forma de construirse ambos pensamientos partían de lo mismo.

Los escritos del Renacimiento se desarrollaron sobre la misma base que pensó el medievo:

Una estructura metafísica que era la única conocida hasta el momento. Nos preguntamos entonces cómo se produjo una diferencia tan grande entre la mentalidad de ambos periodos.

El orden medieval cosmológico parte de la estructura creada por Tomas de Aquino. Dios es la causa de todas las cosas, y Dios es anterior al propio principio de la creación:

necesse est dicere omne quod quocumque modo est, a Deo ese

Aquino, Tomás, Suma teológica, v.1, art.1 q. 44a 1, pp. 489

En este periodo histórico, Dios concentra todos los principios de la causalidad. Determina la existencia de los demás seres:

“Los seres solo existen si son creados por Dios.”

A partir de ese principio se entiende que el mundo es solo un ente creado por Dios al principio de los tiempos.

La ruptura con el orden medieval debía partir de una base ontológica, requería de preguntas como:

¿Sí Dios es el máximo absoluto cómo es posible que un ser infinito e ilimitado crease un mundo limitado, cerrado y finito?

Era necesario replantear el orden medieval pero partiendo de una base. Para el teólogo y filósofo Nicolás de Cusa (1401-1464), que fue un personaje clave en la transición del medievo al renacimiento.

Dios era entendido como “complicatio” y como “explicatio”1, porque todo está en él y, a la vez, Dios está en todas las cosas.

La idea de Dios máximo absoluto es una idea medieval y no es rompedora pero empieza a modificarse el sentido. Todo lo creado, incluido el hombre, es imagen de Dios.

Todo es una manifestación de un único modelo, pero no es una copia, sino un signo de ese ser supremo. Siguiendo esa tesis se empieza a plantear que universo y entes se deben a una necesidad divina.

En consecuencia, el universo es una contradicción de Dios y es la mayor de las contradicciones divinas.

Se parte de una idea aristotélica, Dios es el único ser capaz de crear de la nada el universo y ponerlo a funcionar correctamente.

Se camina hacia la idea del filósofo presocrático Anaxágoras:

“Dios está en el universo del mismo modo que el universo está en las cosas.”

Nos encontramos en este punto ante el umbral que separa el saber medieval del saber renacentista. Ahora la ontología había cambiado y empiezan a plantearse nuevas ideas.

Sobre todo después de la teoría heliocéntrica del universo. Todas las verdades que la iglesia había enseñado durante siglos.

Comienzan a ponerse en duda y esta crisis religiosa es no deja de ser la consecuencia de una forma nueva de pensar.

Para los hombres del Renacimiento, la escolástica había quedado desfasada, aunque, quizás, sus nuevos planteamientos ontológicos no tenían como fin romper el orden medieval.

Sino más bien abrir paso hacia las prácticas mágicas, las alquímicas y las astrológicas.

El cosmos ya no se veía, como en el medievo, desde un punto de vista escatológico y místico. Se trataba de algo así como un libro lleno de preguntas y respuestas.

De esta manera, el Dios del Santo Tomás, es un principio creador. Se ve desplazado hacia una concepción semi-panteista en que las relaciones entre Dios y los entes son distintas.

Siendo más precisos Dios y el hombre no necesitaba un mediador.

Nicolás de Cusa dijo que si Dios es infinito y su creación no es perfecta, no pudo haberla hecho Dios; por lo tanto el universo no es infinito es ilimitado.

Frente al absolutismo del tomismo se camina hacia una metafísica relativista: las cosas solo son concreciones relativas al universo y a Dios; el universo es el máximo contacto en relación con las cosas, que son acogidas por él.

Pero según lo dicho anteriormente dicho universo solo es lo más cercano al máximo absoluto, a Dios.

En consecuencia, Dios, como máximo absoluto, es la referencia abstracta desde la cual se hace relativo cualquier otro movimiento o entidad.

De esa metafísica vemos consecuencias físicas: al ser el universo ilimitado y al ser la quietud absoluto privilegio divino.

Todo lo que está contenido en el universo debe estar en movimiento y al estar todo en movimiento no se puede concebir un centro fijo.

En consecuencia tantos las estrellas como la Tierra tienen movimiento, aunque mínimo. En el universo no se pueden establecer límites, ya que su tamaño es incalculable.

Estas intuiciones de Nicolás de Cusa, que marcan el punto de quiebra con la Edad Media, necesitaban demostrarse mediante la ciencia. Y eso lo consiguió Nicolás Copérnico (1452-1519), quien desarrolló años más tarde la teoría heliocéntrica del universo.

La diferencia entre Copérnico y Nicolás de Cusa fue que este no se atrevió a romper del todo con la visión aristotélica y colocar al sol como centro. Para Copérnico, la centralidad del sol y la inmensidad que se le atribuía al cosmos afirman la finitud del mundo y el argumento principal para hablar de la finitud es el movimiento.

Copérnico justificó el movimiento de la Tierra basándose en la esfericidad del mundo y deduce, por consiguiente, la forma de los demás planetas. De este modo, la Tierra es otro planeta que se mueve al igual que los demás.

Giordano Bruno elabora su visión cosmológica a partir de las teorías copernicanas.

Estableciendo el movimiento diario de la Tierra sobre su eje de rotación, el movimiento anual en torno al sol y el movimiento de declinación del eje terrestre.

Fuera de estos movimientos, Bruno en su obra “La cena de las cenizas” atribuye a la Tierra otros dos movimientos físicos de redistribución de sus partes, los cuales concurren, junto con los movimientos de rotación y traslación, en un único movimiento compuesto, cuya naturaleza no es aclarada suficientemente por Bruno.

Ni Copérnico, ni Bruno hacen una revolución radical, simplemente siguen los pasos de otros, como Marcilio Ficino (1433-1499) y Leonardo Da Vinci (1452-1519).

Pero sí se enfrentan al orden mental establecido durante siglos. En consecuencia, el discurso medieval queda totalmente desarticulado, aunque no se puede decir aún que haya desaparecido.

Lo preocupante para la escolástica no era la existencia de una ontología nueva y que se estuviera pensando de forma diferente. Lo peligroso era la pregunta que se hacían de nuevo los filósofos y pensadores sobre la esencia del hombre y su propia existencia.

No es que el discurso de Copérnico o Nicolás de Cusa fuera destruir el pensamiento medieval. Se trastocaba la noción de la existencia del ser humano que tenían los hombres de la época.

A partir de este momento, cualquier esfuerzo para construir un nuevo orden ya no podía hacerse según los antiguos planteamientos de la escolástica.

2. Bruno Giordano, poeta





Estatua dedicada a Giordano Bruno en el Campo dei Fiori, en Roma, lugar donde murió quemado en la hoguera.

Como era frecuente en el Renacimiento, Bruno Giordano no solo hizo aportaciones a la astronomía, las matemáticas, la filosofía…, sino que también cultivó la poesía y publicó varias obras dedicadas a la mnemotecnia.

Poco antes de morir, escribió a sus verdugos el siguiente poema:

Decid, ¿cuál es mi crimen?, ¿lo sospecháis siquiera? 
Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí! 
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera, 
levantará la historia una estatua por mí. 
Yo sé que me condena vuestra demencia suma. 
¿Por qué?…Porque las luces busqué de la verdad, 
no en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma 
con dogmas y con mitos robados a otra edad, 
sino en el libro eterno del Universo mundo, 
que encierra entre sus folios de inmensa duración 
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo, 
basado en la justicia, fundado en la razón. 
Y bien sabéis que el hombre, si busca en su conciencia, 
la causa de las causas, el último por qué, 
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia, 
los templos por la escuela, la razón por la fe. 
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo 
y por ello quisierais poderme desmentir. 
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo 
de un servilismo que hace de lástima gemir… 
Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea, 
es intangible, eterna, divina, inmaterial… 
Que no es ella el Dios y la religión vuestra 
sino la que forma, con sus cambios, la historia universal. 
Que es ella la que saca la vida del osario, 
la que convierte al hombre, de polvo, en creador, 
la que escribió con sangre la escena del calvario, 
después de haber escrito con luz, la de Tabor. 
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos, 
los que oran y se postran donde los puedan ver, 
fingiendo fe, sois falsos llamando a Dios, ateos 
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!… 
¿Cuál es vuestra doctrina? Tejido de patrañas, 
vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey; 
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña. 
Vuestra razón, la fuerza; y el oro, vuestra ley. 
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles, 
tenéis las bacanales, su pérfida maldad; 
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles. 
Queréis, como quisieron, matar a la verdad; 
Mas… ¡vano vuestro empeño!…Si en esto vence alguno, 
soy yo, porque la historia dirá en lo porvenir: 
“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”. 
Y en cambio vuestros nombres…¿Quién los podrá decir? 
¡Ah!…Prefiero mil veces, mi muerte a vuestra suerte; 
morir como yo muero…no es una muerte ¡no! 
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte. 
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy yo! 
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño, 
decidle que a la muerte me entrego como un sueño, 
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios… 
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones, 
que al hombre da la vida y al par su maldición, 
sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones 
da a la materia forma, y vida a la creación. 
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento, 
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí, 
al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento, 


al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin. 
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio, 
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar. 
Que a mí ante el martirio, no me haréis apostatar. 
¡Mas, basta!… ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra. 
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?… ¿Teméis al porvenir? 
¡Ah!…Tembláis…Es porque os falta la fe que a mí me sobra… 
Miradme…Yo no tiemblo… ¡Y soy quien va a morir!…

Conclusión

Giordano Bruno fue un visionario de su época. Se trató del primer filósofo que apoyo a Copérnico, y fue más lejos aún que él introduciendo el concepto de un universo infinito, con infinitos sistemas solares e infinitos planetas.

Esta idea, que tendría después gran importancia en el pensamiento científico del siglo XX. Fue rechazada por la inquisición, por lo que Giordano Bruno fue condenado a morir en la hoguera en el año 1600. 

Para terminar, hay que decir que Giordano Bruno que fue uno de los precursores de la ciencia del tercer milenio. Su esfuerzo y sacrificio basado en una convicción inquebrantable y en su búsqueda de la verdad.

Esto permitió ampliar la visión de la naturaleza de los hombres del renacimiento. Su voz, al lado de la de Copérnico y Galileo, hizo posible que se estableciese la idea de que el Sol es el centro de nuestro sistema planetario.

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